PERIODOS DE LA PREHISTORIA COLOMBIANA

La cultura San Agustin

Sabana de Bogotá En el valle de El Abra al suroeste de la ciudad de Zipaquirá se han encontrado registros culturales asociados al pleistoceno tardío en Colombia, que datan del 10.460 A.C 160. Los artefactos son conocidos como abrienses, e incluyen diferentes tipos de raspadores (laterales, terminales discoidales, convexos), cuchillas elaboradas sobre lascas, así como raederas. Las más antiguas evidencias humanas encontradas en ese sitio, corresponden a lascas y artefactos que incluyen dos tajadores sin fechas de C-14, pero cuya edad puede estimarse mayor que trece mil años con base en fechas obtenidas para la unidad cultural inmediatamente superior.

En el sitio Tibitó, municipio de Tocancipá, con dataciones a partir del 9.740 ad.C, fueron encontrados artefactos abrienses como instrumentos de corte, raspadores e instrumentos de hueso y asta que se interpretan como cuchillos y perforadores.

En la misma Sabana de Bogotá se encontraron en el abrigo de Tequendama herramientas de piedra elaboradas con esmero, como raspadores, cuchillos laminares y puntas de proyectil, que datan de un milenio más tarde. Fueron elaborados por grupos de cazadores especializados, de quienes apenas se han encontrado cinco falanges. De entre el 7500 y 6500 ad.C provienen menos objetos de piedra pero aparecen jabalinas y otros objetos de madera, así como múltiples instrumentos de hueso de animal y además huesos humanos calcinados. Se encuentran esqueletos completos del 5000 adC, de un tipo físico diferente al de los Muiscas que llegaron posteriormente a la región.

Durante el Holoceno medio 5.500 a 1.000 ad.C, las evidencias arqueológicas halladas en el sitio de Aguazuque, al suroeste de la Sabana de Bogotá, en el municipio de Soacha permiten reconocer que grupos de cazadores, recolectores y plantadores se establecieron en las terrazas y elevaciones libres de inundaciones. En el sitio de Zipacón son reconocibles evidencias de agricultura y alfarería que datan del año 1.270 ad.C.

En Pamares, al suroeste de Cartagena de Indias, fue hallado un complejo lítico descrito por Reichel-Dolmatoff (1985), que presenta características abrienses; y rasgos similares son identificables en artefactos de Puerta Roja y Villa Mary también en el Departamento de Bolívar, en la Costa Atlántica.

En la región del Alto Sinú (Córdoba) los sitios de Frasquillo, la Caimanera y la Angostura, muestran abundante material lítico, con predominio de la tradición abriense.

En el Valle del Cauca, en El Pital, Sauzalito y Recreos se encontraron percutores, martillos de mano, cantos con escotaduras tabulares, machacadores, pequeñas placas aparentemente usadas para preparer ocre y otras sustancias. Las fechas de este complejo, se sitúan entre 7.670 y 3.360 adC. Se considera que fueron elaborados por cazadores y recolectores adaptados a un ambiente tropical cuya subsistencia se basaba principalmente en la recolección de plantas y secundariamente en la cacería de pequeños mamíferos.

Artefactos de obsidiana hallados en la altiplanicie de Popayán, que incluyen puntas de proyectil elaboradas en dicho material, sugieren contactos entre el Sur de Colombia y Ecuador.

Hallazgos en el rio Guayabero (Orinoquia colombiana), abren nuevas expectativas sobre la antigüedad y las migraciones del hombre temprano en Colombia. En Araracuara, en plena Amazonia se encontraron restos de asentamientos y prácticas hortícolas, así cmo cerámica provenientes del año 2700 adC. Descubrimientos más recientes parecen indicar que culturas agrícolas de Sur y Centroamérica se originaron en las selvas amazónicas; desde allí se habrían extendido hacia la costa atlántica colombiana y pacífica ecuatoriana, aproximadamente en el 4.000 adC. Estas comunidades organizadas desarrollaron la agricultura intensiva y la vida en comunidad en aldeas; eran sedentarias y hábiles para el trabajo manual. De ellas se encontraron huellas en el río Guayas en Ecuador.

Primeros pobladores (20000 a. C.)

En los abrigos rocosos del El Abra, al oriente de Zipaquirá, en la Sabana de Bogotá se encontraron instrumentos líticos de hace más de 12 mil años en 1967, datados el 10460 a. C. ± 160. Este hallazgo en el centro del país significa que las migraciones paleoindias llegaron a Suramérica con años de anterioridad a estas fechas. Recientes fechas de radiocarbono del sitio de Pubenza, Cundinamarca, indican que esos primeros pobladores llegaron a. del 20000 a. C.

En la Sabana de Bogotá se encontraron en el abrigo de Tequendama herramientas de piedra elaboradas con esmero, como raspadores, cuchillos laminares y puntas de proyectil, que datan de un milenio más tarde. Fueron elaborados por grupos de cazadores especializados, de quienes apenas se han encontrado cinco falanges. De entre el 7500 a. C. y 6500 a. C. provienen menos objetos de piedra pero aparecen jabalinas y otros objetos de madera, así como múltiples instrumentos de hueso de animal y además huesos humanos calcinados. Se encuentran esqueletos completos del 5000 a. C., de un tipo físico diferente al de los Muiscas que llegaron posteriormente a la región.

Culturas agrícolas (5000 a. C. - 1200)

Los primeros vestigios conocidos de cultura hortícola sobre el territorio colombiano, son ubicados en la zona de influencia de los Montes de María, que surcan los departamentos de Bolívar y Sucre, además de una escición de estos montes hacia el departamento del Atlántico donde también hubo pequeños asentamientos relacionados contribus que se formaron sobre todo en el área denominada Puerto Hormiga, donde se han realizado excavaciones, y se han encontrado vasijas y alfarería, a la que se les han practicado pruebas que ubican a esta cultura entre los 5000 y 4000 a. C. Estas comunidades, se fueron dispersando, y parece que trasladaron sus concocimientos en pesca y alfarería a la Cultura Zenú, a la cual se integraron al migrar al norte.

Para sorpresa de muchos en Arararcuara, en plena Amazonía se encontraron restos de asentamientos y prácticas hortícolas, así como cerámica provenientes del año 2700 a. C.

El sitio Zipacón 1 indica que los desarrollos agrícolas en la Sabana se remontan más allá del año 1320 a. C.; con coexistencia de la cacería y recolección, junto con prácticas agrícolas y alfarería.

La cultura San Agustin

La cultura agustiniana, es de las más conocidas entre las culturas indígenas que surgieron en Colombia antes de 1200. El espacio de desarrollo de la Cultura San Agustín se dio en los actuales departamentos del Huila y el Norte del Depto. del Caquetá.

Esta cultura, a pesar de lo nombrada en muchos libros de historia, e investigada, es técnicamente desconocida, pues el pueblo agustiniano desapareció alrededor de 1250 y para 1300 la selva envolvía ya las ciudades agustinianas. La falta de recursos para investigar ha producido una avalancha de interpretaciones acerca de los orígenes, el desarrollo y la caída de la Cultura San Agustín, hasta el punto que algunos expertos afirmaron que algunos pueblos mesoamericanos, específicamente las culturas de Teotihuacán y la Oaxaca (Monte Albán, Mitla, etc.) llegaron por agua o vía Centroamérica y se asentaron en esta zona. Esa teoría ha sido ampliamente refutada.

Como la teoría "mexicana" hay muchas, por ello es bastante inútil adentrarnos en cada una de ellas; pues todas, sino la mayoría nos dejan en un callejón sin salida gracias a la falta de indicios causado por la misteriosa extinción de la Cultura Agustiniana. Por eso, lo importante de San Agustín es conocer basándonos a lo que tenemos: los restos arqueológicos ubicados en el Huila, exactamente en el Parque Nal. Arq. San Agustín. Dentro de este, hay básicamente tres sitios de importancia: Fuente-Templo de Lavapatas, Bosque de las Estatuas y el Museo Arqueológico, que nos permiten conocer lo que los Agustinianos quisieron que viéramos, pues hay otros sitios con esculturas monolíticas; pero estos se encuentran en pésimo estado, y son técnicamente irrecuperables gracias a la lenta pero efectiva acción de la maleza.

La Fuente de Lavapatas, es una magnífica demostración de las habilidades escultóricas y la creatividad de la Cultura Agustiniana, pues la Fuente, está ubicada sobre una quebrada natural, y ellos tomaron las piedras que estaban sobre la quebrada y fueron esculpiendo sobre ellas, creando una intrincada red de canales y caídas artificiales de agua, rodeadas de figuras zoomorfas, antropomorfas o mezclas de ambas. Algunas teorías afirman que los Agustinianos contaban con primitivos conocimientos físicos, ya que las curvas de estos pequeños canales, y los círculos para las pozas de esta Fuente, son de tal perfección que tuvieron que ser hechos con la ayuda del agua y sus renombradas propiedades que facilitan el erosionamiento controlado de la piedra, y otros materiales. En investigaciones posteriores a la expedición del Arqueólogo alemán Konrad Preuss, se ha afirmado, que las figuras presentes en la Fuente de Lavapatas pertenecen a las deidades Agustinianas del Agua, la fertilidad, la prosperidad o ambas y que por ello, además de las características arquitectónicas y la dediciación en su construcción, la Fuente de Lavapatas funcionó como templo. Por ello más tarde se le ha ido aceptado como Fuente-Templo de Lavapatas.

El bosque de las Estatuas, ubicado en el Parque Nacional Arqueológico de San Agustín, es una amplia explanada llena de las mejores expresiones monolíticas y dolménicas fruto del Ingenio Agustiniano. En esta explanada se admira tanto la sencillez de ciertas estatuas, como la preocupación por la ornamentación y el detalle de otras, figuras zoomorfas, amplios tocados, figuras de piedras con alusión al "Alter ego", lo que nos plantea nuevas preguntas, ¿Los agustinianos eran simples escultores o avanzaron en otras ciencias?, ¿La Profundidad de ciertas esculturas es sinónimo de nociones Filosóficas en la Cultura Agustiniana?, ¿Si es tan gloriosa, por qué desapareció San Agustín?... Eso es San Agustín, una pregunta detrás de otra hasta encontrarnos con estas misteriosas estaturas, los testigos inmarcesibles de los desconocidos orígenes, la gloria y la súbita desaparición de la Cultura Agustiniana.

La cultura Tierradentro

Aparentemente sin ninguna relación con la Cultura Agustiniana, Tierradentro, se desarrolló a menos de quinientos kilómetros de Sn. Agustín. Esta también tuvo importantes contribuciones a la estatuaria y a alfarería, pero esta entró más profundo en lo relacionado con el asunto de la vida y la muerte, pues los vestigios más tangibles de ella son los hipogeos, que estos dejaron en el Alto Cauca, exactamente en el corregimiento de San Antonio de Psimbalá, Mpio. de Inzá. estos dos, y casi el 80% de la zona de la influencia de la Cultura Tierradentro, son controladas por un resguardo a nombre de los Indios Paeces, aparentes descendientes de los habitantes de Tierradentro. En estos resguardos, los indígenas cuentan con su propio gobierno e instituciones, se habla una lengua autóctona que puede descender de la hablada por los Tierradentro.

Tierradentro fue el nombre que los españoles le dieron a esta zona por lo tupida de la selva, los constantes y profundos precipicios, la impenetrable neblina e interminables cadenas de lomas; paisaje común a la zona del Macizo Colombiano. Los Tierradentro, construían varias clases de tumbas, las hay sencillas, un simple huevo con un pasadizo hasta las más complejas, que avanzan hasta ocho metros bajo tierra con amplios salones ovalados o circulares en torno a una columba central. Estos están profusamente decorados con figuras zoomorfas y geométricas. Tierradentro, al igual que San Agustín, desapareció, pero investigaciones indican que los Paeces y Guambianos, habitantes indígenas de la zona, son los supervivientes al mestizaje, la colonización y todos los procesos históricos de Colombia hasta hoy.

Las Culturas Doradas (1200-1510)

El Periodo Preclásico, como es conocido el lapso de tiempo en Colombia comprendido entre 1200 y 1510, donde se formaron las Culturas más complejas a las cuales los indígenas colombianos llegaron antes de la intervención cultural española. Intrincadas jerarquías, eficiente estructura político-administrativa, monumentales ciudades, incontables obras de arte, tradiciones orales e inmateriales que nos revelan el nivel de desarrollo de estas verdaderas civilizaciones.

Los Tayronas

Los Tayronas, habitaron la zona más septentrional de Colombia, exactamente en la Sierra nevada de Santa Marta. Ellos alcanzaron un nivel de desarrollo envidiable por otras culturas colombianas, e inclusive de otras foráneas. Sus conocimientos de arquitectura, agricultura e hidráulica nos dan la imagen de una nación bien estructurada, avanzada, y que en comparación con algunas naciones europeas, con muchos adelantos con respecto a ellas. El ocaso de la Nación Tayrona, comenzó a la llegada de Rodrigo de Bastidas, en 1528, a la zona donde ellos habitaban, y para 1550, se podría afirmar que ya habían sido exterminados en más de un 80%, el otro 20% se dividió en aquellos que se refugiaron en las zonas más altas de la Montaña, y los que sucumbieron en el proceso de mestizaje. Aquellos que se quedaron en las partes altas de la Sierra, hoy aún sobreviven, como legado de la Cultura Tayrona, son los Kogui, los Ika y los Sanká.

Primero hablemos de las obras públicas de los Tayronas. Dentro del territorio Tayrona, todos los pueblos y ciudades estaba comunicado por una red de caminos de piedra, que recorría desde las faldas más habitadas hasta los parajes más indómitos de la Sierra Nevada. Analizando el diseño de las viviendas que ellos dejaron, de forma circular; construidas generalmente sobre terrazas de piedra; sin ventanas, pero techadas de palma de montaña, haciéndolas frescas; sin decoración alguna, solamente pintadas con cal y agua sobre los muros de barro y piedras pequeñas, los muros también eran de paja en las ciudades más cercanas al agua. Los Tayronas planificaban el crecimiento de sus ciudades, construyendo terrazas que primero servían para la tala organizada de árboles, luego la agricultura y posteriormente viviendas, y así sucesivamente, además las ciudades contaban con canalizaciones de agua de montaña para llevar organizadamente el recurso vital a las viviendas, estas canalizaciones, las ciudades en sí y las terrazas de cultivo fueron diseñadas de forma tal que evitaba la erosión y cualquier rompimiento con el normal curso de la naturaleza. Los Tayronas fueron realmente una cultura ambientalista. Respecto al tamaño de las viviendas a medida que era más grande, mayor la importancia del morador. Habían también casas especiales, o casas sagradas, donde se reunían todos los hombres y niños a la llegada de los sabios ermitaños; que frecuentemente bajaban de sus viviendas en los páramos, para llegar a las ciudades y transmitir las palabras de los dioses y enseñar a los niños las tradiciones de la nación.

Técnicamente, los Tayronas no contaban con un ejército nacional organizado, pero cada ciudad aportaba sus mejores hombres, para ser entrenados como guerreros, esto estaba a cargo de consejos conformados por representantes de los caciques de cada ciudad. Al terminar su entrenamiento, los hombres se transformaban en Manicatos, los Manicatos eran los guerreros de la nación Tayrona.

La estructura político-administrativa de los Tayrona no es muy clara, pero las investigaciones han concluido que concentraba aspectos federales con otros radicalmente centrales. Cada ciudad grande (unos 1000 habitantes) generalmente contaba con un Cacique, figura más bien administrativa, con pocas atribuciones divinas, a diferencia del resto de culturas de la América Prehispánica, que semi-deificaban a los líderes de las tribus o ciudades. El cacique, dentro de los límites de su ciudad, cumplía funciones ceremoniales, ejecutivas, y judiciales. Los caciques podían tener opiniones divergentes, pero las instituciones inermes e uniformes de la Nación Tayrona eran los sacerdotes; respetados e incluso venerados, ellos, a pesar de carecer de autoridad ejecutiva, influenciaban notablemente en las decisiones de los consejos y regían la vida de los habitantes bajo los preceptos de los dioses.

La lengua de los Tayronas, el Tayrona, pertenecía a la familia lingüística Chibcha, de la cual también eran miembros los Muiscas y las incontables variaciones dialectales de cada conurbanado de la Confederación Muisca. Por eso, entre los muiscas y los tayronas existían ciertos lazos culturales, haciendo las relaciones entre ellos más fluidas que en comparación con otras como la Quimbaya.

Gostou? Compartilhe:

0 comentários: