PARQUE INDÍGENA YAIGOJÉ APAPORIS



En la cuenca baja del río Apaporis se manifiestan, claramente, el interés de las comunidades indígenas por la consolidación de sus territorios tradicionales y la protección de los lugares sagrados que estos incluyen, interés que se resume en la existencia y manejo del Resguardo Yaigojé-Apaporis, y el interés por proteger el patrimonio nacional natural, que desde el año 1976 ha sido propósito de Parques Nacionales Naturales de Colombia (INDERENA,1976), de constituir un área protegida de orden nacional, cuya importancia ha sido reconocida por la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales(ACCEFN).

Dada la coincidencia entre los objetivos de conservación de un Área Protegida y el objetivo de conservación de la integridad ecosistémica de los resguardos indígenas, sumada a la compatibilidad del uso y aprovechamiento de los recursos naturales por parte de los indígenas en las Áreas Protegidas (Decreto 622 de 1977), surge una gran oportunidad para la consolidación de estas dos figuras territoriales en los casos en que se sobreponen total o parcialmente. Por una parte, el Área Protegida no solo refuerza su grado de protección al contar con la presencia permanente de comunidades indígenas, para las cuáles el mantenimiento de la integridad ecosistémica y la perpetuación de los recursos naturales son aspectos esenciales para su supervivencia, sino que también capitaliza sobre el conocimiento y formas de relación tradicional indígena para el uso del entorno natural como estrategia fundamental para el manejo del Área Protegida.

Por la otra parte, el resguardo se consolida en la medida en que la existencia del área protegida de orden nacional no solo constituye un medio para reconocer y garantizar los esfuerzos de las comunidades indígenas que, a través de su cultura, han manejado y protegido durante largo tiempo sus territorios tradicionales y los lugares sagrados que incluyen, sino que también ofrece el apoyo para defender dichos territorios y  lugares contra las amenazas exteriores.

Es así, como Parques Nacionales Naturales suscribió un convenio de cooperación con la Asociación de Capitanes Indígenas del Yaigojé – Apaporis (ACIYA), que tiene como objeto aunar esfuerzos técnicos, administrativos y logísticos que permitan adelantar el proceso que conlleve a la declaratoria de un área protegida que haga parte del sistema de Parques Nacionales Naturales, en el territorio del Resguardo Yaigojé – Apaporis, cuyo manejo se basa, fundamentalmente, en la cosmovisión y formas de utilización indígenas del entorno natural, a efectos de garantizar la permanencia de los valores culturales de los pueblos indígenas que habitan la región, de garantizar la conservación del medio natural, como fundamento para el mantenimiento de la diversidad biológica y cultural del país, y  garantizar la perpetuación de la oferta de bienes y servicios ambientales, esenciales para el bienestar humano.

Finalmente, cabe destacar que a pesar que la intención para la declaración del área protegida nació de las autoridades tradicionales y políticas del resguardo, para garantizar de forma integral la participación y los derechos de los habitantes del mismo, la iniciativa fue sometida al proceso de consulta previa contemplado en la Ley 21 de 1991, por medio de la cual se aprobó el Convenio número 169 de la OIT sobre pueblos indígenas y tribales en países independientes


Antecedentes

Reordenamiento territorial y consolidación de resguardos indígenas en la Amazonia

El reordenamiento territorial en los Departamentos del Amazonas y Vaupés comenzó con la creación de los resguardos indígenas en los años 80 del siglo pasado, cuando el Estado reconoció el derecho de la población indígena a tener asegurada la propiedad colectiva de sus tierras, a organizarse según sus usos y costumbres y a ser gobernada por sus propias autoridades.

Con la promulgación de la nueva Constitución Política, se dio respaldo constitucional a la categoría de los resguardos y territorios indígenas, como Entidades Territoriales Indígenas (ETI) cuyo manejo y administración corresponde a los cabildos o autoridades tradicionales de las comunidades, de acuerdo con sus usos y costumbres y con la legislación especial referida a la materia (CP, Artículo 22). Con base en el artículo 56 transitorio de la Constitución Política se conforman las Asociaciones de Autoridades Tradicionales Indígenas (AATI), definidas, en el decreto 1088 de 1993, como entidades públicas de carácter especial, estratégicas para la consolidación y funcionamiento de las Entidades Territoriales Indígenas y su articulación con las demás entidades territoriales del Estado, mientras se expide la Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial.

Dentro de este contexto y dentro de una concepción integral del territorio, los pueblos indígenas de los departamentos del Amazonas y el Vaupés vienen organizando y haciendo explícitas propuestas de ordenamiento territorial, a partir de cinco ejes fundamentales: educación, salud, medio ambiente, desarrollo socioeconómico y gobierno propio. Este esfuerzo ha requerido la articulación de los sistemas de conocimiento indígena con el sistema occidental en la reconstrucción de los conceptos político administrativos ajustados a este territorio y ha permitido ir consolidando las futuras  Entidades Territoriales Indígenas, lo cual se evidencia en la organización política sobre su territorio, el manejo ambiental del mismo, la administración financiera de recursos, el diseño e implementación de programas de salud y educación, así como en la definición de planes de vida, los cuales articulan los elementos que conforman el gobierno local representado en cada AATI.

Procesos de Ordenamiento Territorial entre Parques Nacionales Naturales y las Asociaciones de Autoridades Tradicionales Indígenas (AATI) de la cuenca baja río Caquetá.

Históricamente el área en donde se ubica el Resguardo indígena Yaigojé - Apaporis ha sido considerada prioritaria para la conservación en Colombia, siendo un primer referente el del año 1976, cuando el Instituto Nacional de los Recursos Naturales Renovables y del Ambiente incluye a esta región en el “Mapa de áreas preseleccionadas por el INDERENA para Unidades de Conservación en la Amazonía Colombiana”. En 1990, esta región fue clasificada “de la mayor prioridad en conservación biológica” en el marco del Congreso para establecer normas internacionales de Prioridades Biológicas para la Conservación de la Amazonía (Conservation International, 1991) y, en  1996, el equipo técnico de Parques Nacionales Naturales de Colombia realizó una propuesta, avalada por la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, para declarar, en la zona, el Parque Nacional Natural de Caparú.

No obstante lo anterior, la Unidad decidió abstenerse de continuar con el procedimiento de declaración de esta área protegida debido a que el polígono propuesto se encontraba incluido en la ampliación del Resguardo Yaigojé – Apaporis (Ramírez, 2008). Para esa época, el desarrollo del proceso para lograr la articulación de las formas de gobierno propias de los pueblos indígenas con la existencia de un Área Protegida de orden Nacional, basado en el diálogo y el entendimiento intercultural, era aún incipiente en áreas cobijadas por la doble figura de Parque Nacional y de Resguardo Indígena, como en el caso de los Parques Nacionales Naturales Amacayacú y Cahuinari, e inexistente en el caso del Resguardo Yaigojé-Apaporis.

La posterior construcción y consolidación de una estrategia de manejo conjunto para el Parque Nacional Natural Cahuinari, por parte de Parques Nacionales Naturales de Colombia y de las autoridades tradicionales indígenas Miraña y Bora (FPR, 2002); la promoción de un Sistema Regional de Áreas Protegidas (SIRAP) del Bajo Caquetá, adelantada por la Dirección Territorial Amazonia-Orinoquia (DTAO), a partir del reconocimiento de las lógicas de manejo y de la articulación de las diferentes iniciativas de conservación de las comunidades indígenas agrupadas en tres AATI (AIPEA, ACIMA y ACIYA)[1]; y la formulación, por parte de las AATI, de los planes de manejo para los resguardos[2], que incluyó un Plan de Acción para avanzar en el ordenamiento pesquero en la región, permitieron consolidar la apertura de espacios de interlocución y coordinación entre ACIYA y Parques Nacionales Naturales, lo cual derivó, en junio 2008, en la firma de un convenio para trabajar conjuntamente en la declaración de un área protegida.

Es de resaltar que dicha iniciativa nace de las Autoridades Tradicionales Indígenas que acuerdan solicitar, ante el Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial, la creación de un Parque Nacional Natural sobre el Resguardo Yaigojé – Apaporis, con miras a fortalecer los mecanismos de protección y conservación integral de este territorio y, en particular, los valores culturales materiales e inmateriales de los pueblos indígenas makuna, tanimuka, letuama, cabiyari, barazano, yujup-maku y yauna, asociados a la conservación, uso y manejo del mismo.

Para ello y como parte de la ruta de declaratoria, se adelantó un consulta previa, que implicó el análisis de cuatro puntos específicos; límites, categoría de manejo, objetivos de conservación y de gestión y criterios para diseñar e implementar un régimen espacial de manejo entre la autoridad ambiental  y la autoridad pública indígena, tal y como lo dispone el Código de Recursos Naturales en áreas traslapadas. El proceso de consulta previa arrojó resultados positivos (anexo 5), en la medida de la aceptación y acuerdo que manifestaron 18 de las 19 comunidades que asistieron a la protocolización. Por ello y bajo este contexto, se cree que la nueva área protegida es una oportunidad para alcanzar intereses de las comunidades indígenas, objetivos regionales de desarrollo social, así como para lograr propósitos nacionales en torno a la conservación del patrimonio nacional natural

 Localización

El área propuesta para conservación se sobrepone totalmente al resguardo indígena Yaigojé-Apaporis, ubicado entre los 0° 01´21” S; 71° 02´46” W y 01° 04´21” S; 69° 26´07” W. Cubre un área de 1’060.603 Hectáreas, incluidas en la cuenca baja del río Apaporis y distribuidas en los corregimientos de La Pedrera, La Victoria y Mirití del departamento del Amazonas y en el municipio de Taraira, en el departamento del Vaupés. Al sur colinda con los resguardos de Mirití, Puerto Córdoba y comeyafu y, al norte, con el resguardo del Vaupés. (Figura 1).


 Aspectos Socioeconómicos y Culturales del Territorio del Bajo Apaporis

 

Historia de ocupación del Bajo Apaporis

Los múltiples estudios referentes a la historia del poblamiento macroregional del noroeste de la cuenca amazónica y algunas evidencias arqueológicas, indican que dicha región ha estado sometida a flujos migratorios de grupos con tradiciones culturales diversas,  desde hace aproximadamente 10.000 AP (Mahecha et al., 2000; Cabrera, 2002).

Hasta antes de la llegada de los europeos a la región del Bajo Apaporis, estas sociedades mantuvieron importantes relaciones entre sí y con otros grupos de la Amazonía, a través de un sistema de extensas redes sociales de intercambio con otras regiones amazónicas y con la Orinoquia, los Andes y la Costa Atlántica, complementado por un sistema regional, fundamentado en aspectos simbólicos, sociales y materiales comunes, y en particularidades étnicas (lingüísticas, de distribución espacial, de conocimientos chamanísticos, de bienes rituales o artesanales, de manejo de ciertas variedades de especies cultivadas, etc.). Además de posibilitar los intercambios entre grupos étnicos, este sistema, en donde cada grupo tenía sus propias responsabilidades, garantizaba el cuidado y manejo del mundo, la perpetuación del entorno natural y el bienestar de la población, a través de prácticas chamanísticas, como se practica aún hoy en día (Rincón, 2009).

Con la llegada de los europeos, la esclavización de indígenas y la introducción de enfermedades causaron la virtual exterminación de los grupos indígenas, asentados a orillas de los grandes ríos, y a mediados del siglo XVIII, la región del río Caquetá y sus afluentes se consolida como el destino principal de las exploraciones lusitanas en busca de esclavos. Este proceso causó una fuerte disminución demográfica y continuos procesos de redistribución de la población y de expansión/contracción de ocupación espacial así como también el reacomodo de las jerarquías existentes y la intensificación de conflictos interétnicos, promovidos por comerciantes blancos, con el propósito de obtener esclavos para traficar (Hugh-Jones, 1981)

Hacia la segunda mitad del siglo XIX, se inició la explotación del caucho y otras gomas. Durante los primeros años del siglo XX, las poblaciones indígenas del Bajo Apaporis fueron perseguidas y sometidas por los patrones caucheros y la dispersión se consolidó, debido a las grandes migraciones de estas poblaciones hacia otros territorios – cabeceras de caños y zonas interfluviales – en búsqueda de refugio.

En la década del cincuenta, algunos grupos retornaron al bajo Apaporis y, poco a poco, el proceso de poblamiento se reanudó. En la década de los setenta se fundan las comunidades de Centro Providencia, Bocas del Pirá y Bellavista.

En la segunda mitad del siglo XX, la región fue el escenario de sucesivos auges de explotación comercial, basados en la caza de fauna silvestre para la obtención de pieles finas (1940 a 1974), en la producción de coca (1980), en la explotación aurífera en la Serranía del Taraira (finales de los ochenta, principios de los noventa), y en la pesca comercial (1980 – 2008), de la cual depende hoy en día gran parte de la dinámica económica de la región(Rincón, 2009).

Durante la segunda mitad de la década del ochenta, los capitanes y líderes indígenas de los ríos Apaporis, Mirití Parana y Bajo Caquetá crean la Organización Zonal Indígena de La Pedrera-Mirití Amazona (OZIPEMA) y, en 1988, se constituye el Resguardo Indígena Yaigojé – Apaporis.

En 1993, las autoridades tradicionales y demás miembros de las comunidades indígenas, asentadas en la Cuenca del Bajo Apaporis, deciden constituir la Asociación de Capitanes Indígenas del Yaigojé – Apaporis (ACIYA), cuyo objetivo primordial es el manejo unificado de su territorio, basado en sus conocimientos ancestrales, y la realización de sus derechos e intereses como una entidad de derecho público de carácter especial, con miras a la conformación de su Entidad Territorial Indígena (ETI).

Aspectos socio-demográficos y socio-económicos del Bajo Apaporis

Como se mencionó anteriormente, el resguardo de Yaigojé-Apaporis está incluido en un municipio y cuatro corregimientos. Los centros urbanos de estas divisiones no superan los 1.000 habitantes civiles, encontrándose estos principalmente en Taraira, La Victoria y La Pedrera, más los miembros de las fuerzas militares ubicados en las estaciones de policía y bases militares de La Pedrera y Taraira.

Dentro del resguardo, vive un total de 1.536 habitantes (Rincón, 2009), distribuidos en 19 comunidades de las cuales las más pobladas son Centro Providencia (164 habitantes);   Bocas del Pirá (155 habitantes); La Playa (148 habitantes); Puerto Curupira (129 habitantes); Vistahermosa (110 habitantes); Paromena (110 habitantes); Puerto Cedro (101 habitantes); y Unión Jirijirimo (94 habitantes).

Las actividades socioeconómicas en el Bajo Apaporis se centran fundamentalmente en prácticas tradicionales de subsistencia como la horticultura itinerante de tumba y quema, siendo la yuca brava (Manihot esculeta) el producto principal, La caza, la pesca y la recolección. Las mujeres se dedican a las labores agrícolas en las chagras o sitios de cultivo, mientras que los hombres a la caza y la pesca. Regularmente, las mujeres producen excedentes de sus chagras, como plátano, yuca o piña, que son vendidos en la población de La Pedrera. Además, unos pocos hombres se desempeñan como maestros de las escuelas comunitarias o como promotores de salud, contratados por el resguardo o por las gobernaciones del Vaupés y el Amazonas.

Finalmente, gracias a los Recursos de Participación del Situado Fiscal, las comunidades que conforman ACIYA han logrado acceder a recursos económicos, que, en parte, son invertidos en proyectos de construcción y mejoramiento de infraestructura básica, ejecutados por los mismos indígenas (Rincón, 2009).

Aspectos culturales del territorio del bajo Apaporis

Los indígenas que habitan actualmente el Resguardo Yaigojé-Apaporis pertenecen a diecisiete grupos étnicos incluidos en tres familias lingüísticas y culturales a saber: Tucano Oriental: tanimuca, yuiwejemaja, letuama, yauna, macuna, bará, tucano, piratapuyo, barasana, taiwano, tuyuca y carapana; Arawak: cabiyarí, yucuna y matapí; Makú-Puinave: yujup (makú o macuje) y puinave. Estos indígenas conciben su cosmos en tres grandes niveles: el cielo, la tierra y el mundo subterráneo, con diferentes subdivisiones, propias de la cosmovisión de cada etnia. Cada uno de estos niveles es habitado por seres sobre naturales, considerados como gente, quienes viven en sus propias malocas, las cuales tienen sus dueños espirituales, y guardan el mismo esquema de organización social de los seres humanos.

Tanto para los Tucano Oriental como para los Arawak y los Yujup Makú, sus territorios son aquellos que les entregaron sus ancestros míticos con el fin de asegurarlos para sus descendientes. Las gestas de las deidades permitieron la creación del mundo actual, la delimitación del espacio, el establecimiento de un orden social, y el establecimiento de un manejo territorial inclusivo, a través de la definición de una serie de prácticas chamanísticas y rituales que le otorgan a los seres humanos los conocimientos necesarios para vivir y proteger este mundo.

Estas gestas de los héroes míticos, se inscriben, entre otros, en referentes territoriales de manera tal que el territorio se llena de historia que se plasma físicamente en hitos topográficos y ecológicos, tales como: cerros, raudales, remansos, lagos, quebradas, ríos, cuevas, salados, piedras, cananguchales, sabanas y nacimientos de agua. Estos lugares son considerados por los indígenas del Resguardo Yaigojé Apaporis como “Sitios Sagrados”, que son marcas indelebles de la labor de las deidades durante la creación del mundo dándole a cada parte del territorio un significado. La figura 3, es una representación gráfica del significado que tienen los sistemas de sitios sagrados  para los grupos que involucra la declaratoria de la nueva área protegida.

Cada uno de estos Sitios posee conocimientos legados por los ancestros míticos que conmemoran el origen y uso de bienes, poderes y conductas que conforman un sistema de preceptos sociales y morales que regulan las relaciones sociales tanto intra e interétnicas, como con la naturaleza, y que permiten garantizar el bienestar de los seres humanos. Algunos de estos Sitios Sagrados incluyen econichos con características abióticas particulares e integrados por especies de flora, de gran importancia para la alimentación o reproducción de la fauna. Tales Sitiosson concebidos por los indígenas como malocas donde habitan distintas clases de seres (plantas, animales, espíritus) que se conceptualizan como personas/gente, con un dueño o maloquero y con toda su parafernalia ritual, sus zonas de cultivos, sus sitios de recolección y caza, entre otros.

Estos puntos especiales del territorio son usados como referentes para el manejo y curación del mundo, a través de prácticas chamanísticas y rituales que conforman el “Camino de Pensamiento”, en donde el “pensamiento” no es sólo la facultad, acción o efecto de pensar de los seres humanos, sino que recoge la energía vital  común a todos los seres del cosmos. Si bien todos los hombres poseen este pensamiento, los grandes especialistas sobre el tema son los chamanes que tienen a su cargo la negociación, la sustentación y mantenimiento del mundo. Estos especialistas del pensamiento, supervisan los pactos entre los Dueños sobre naturales y los humanos, y buscan: (i) garantizar ese orden primigenio; (ii) garantizar el cambio del tiempo (épocas del ciclo anual); (iii)fertilizar la naturaleza –reproducción de plantas y animales-; (iv) asegurar la renovación del cosmos; (v) prevenir las enfermedades y accidentes; (vi) evitar el fin de este mundo; y (vii) controlar las sustancias y energías de origen, nocivas para los seres humanos.

Este proceso chamanístico o “Curación del Mundo” se realiza por medio de una serie de ceremonias rituales, que están estrechamente relacionadas con el ciclo anual o calendario ecológico cultural y que congregan a los especialistas y demás miembros del grupo étnico y/o sus subdivisiones. Para la “Curación de Mundo”, los especialistas evocan, en sus actos chamánicos, los Sitios Sagrados, sus dueños y las hazañas de las deidades míticas. Durante este viaje chamánico o Camino de Pensamiento, que parte desde la “Cepa del Mundo”, ofrecen coca y tabaco a los seres sobrenaturales de cada sitio con el fin de invitarles al ritual, evitando así posibles agresiones de éstos sobre los humanos, y con le fin de “negociar” recursos de caza, pesca y frutos del bosque, en cada época del ciclo ecológico anual, de tal manera que se garantice el equilibrio energético de acuerdo a principios de intercambio y reciprocidad. En este espacio vital, la relación entre seres humanos y su entorno natural constituye una efectiva relación personal, en la cual animales y plantas reciben individualmente un tratamiento respetuoso y cauto siguiendo las leyes de la madre tierra y basado en un conocimiento, acumulado durante varios milenios de convivencia, análisis y observación de la naturaleza, y  en una comprensión sofisticada del mundo natural.

Bajo este contexto cultural, los indígenas del Apaporis han realizado y regulado el uso y manejo de sus territorios desde tiempo inmemorables y, a pesar de las importantes transfiguraciones culturales que estas sociedades han sufrido a lo largo de los últimos doscientos años, aún mantienen un sólido corpus de conocimientos ancestrales que les permiten continuar con dicho manejo de lo que ellos consideran su territorio.

Todo este corpusde conocimientos es vivido e implementado por los indígenas del Bajo Apaporis a través de sofisticadas prácticas de uso y manejo físico (caza, pesca, recolección, horticultura), y chamanísticas o espirituales que constituyen una gran oportunidad para la protección y manejo del Área Protegida que aquí se propone constituir.

 Presiones

La zona propuesta como PNN y su área de influencia directa, están actualmente sujetas a presiones derivadas del desarrollo de actividades de minería, de la explotación insostenible del recurso pesquero y de la ampliación de la frontera de colonización, relacionada con la implantación de cultivos de uso ilícito (Ver Documento Anexo No. 2 “Procesos de Ordenamiento Territorial Regionales y Locales en el Contexto de la Iniciativa de Creación de un Parque Nacional Natural en el Resguardo Yaigoje-Apaporis” y ” Presiones sobre el área Propuesta para la creación de un Parque Nacional Natural en el Resguardo Yaigoje-Apaporis” (Guio,2009). 

Explotación de pequeña minería sobre áreas biodiversas

Fuente: Minería ilegal e insostenible.

Causas: Fragmentación de la presencia estatal y ausencia de políticas ambientales acordes a las características ecosistémicas y culturales de la Amazonía

Efectos Ambientales:
·         Intensificación de procesos erosivos, con la consecuente modificación de los ecosistemas, la alteración de los cauces y el crecimiento o desaparición de playas.
·         Destrucción de los bosques y de los lechos de los ríos y quebradas, con la consecuente disminución de poblaciones de fauna terrestre y acuática.
·         Contaminación del aire, del agua y de la fauna, con repercusiones negativas sobre los ecosistemas y la salud de las personas.
·         Tensiones en las relaciones interculturales, por el desconocimiento del manejo tradicional que los indígenas hacen de los sitios sagrados en los cuales existen yacimientos de oro.
·         Erosión del conocimiento tradicional y sustitución de patrones culturales indígenas por concepciones ambientales, sociales y económicas enajenantes y no adaptada al entorno natural selvático.
·         Generación de graves problemas sociales relacionados con la satisfacción de las necesidades primarias como alimento, vivienda y salud.

La explotación de pequeña minería ilegal e insostenible se concentra, desde 1986, en la serranía de Taraira, en jurisdicción del municipio del mismo nombre, en el Departamento del Vaupés. Esta actividad minera aurífera generó una fuerte migración de personas del interior del país (para 1988 se calculó la población en más de 10.000 habitantes). Esta inmigración ha generado situaciones de conflicto intercultural debido a la profanación de lugares sagrados, a la extracción misma del oro, atributo de los seres espirituales, y a  la intensificación de procesos de erosión del conocimiento y las prácticas tradicionales, impulsados por la llegada, al área, de una importante población exógena, desconocedora del entorno natural y cultural amazónico, y graves problemas sociales, relacionados con la satisfacción de las necesidades primarias como alimento, vivienda y salud.

Los procesos rudimentarios de explotación aurífera, derivaron en la destrucción de cientos de hectáreas de bosque (Corpoamazonia, IAvH, Sinchi, UAESPNN. 2007),  en la alteración y desestabilización de los cauces de ríos y quebradas, en la contaminación de las aguas por mercurio y cianuro, utilizados para liberar el oro(Jiménez, 2007), y por los residuos de combustibles y aceites provenientes de la operación de motores y bombas de agua, incrementando los riesgos para la salud de la población.

La explotación de pequeña minería tiende a expandirse hacia los territorios indígenas titulados(CDA: Plan de Acción Trienal 2007 – 2009), como el Resguardo Yaigojé – Apaporis, repitiendo el ciclo desde la explotación de aluvión a cielo abierto hasta la explotación de vetas, con todos sus efectos ambientales y socio-culturales negativos. 

Emplazamiento de grandes proyectos mineros sobre áreas de Reserva Forestal y territorios indígenas.
Fuente: Concesiones Mineras a grandes empresas.

Causas: Desarticulación en la planificación integral del Estado

Efectos Ambientales:
·         Incremento de la vulnerabilidad cultural de los pueblos indígenas macuna, tanimuka, letuama, cabiyari, yauna, yujup-macu y barazano.
·         Amenazas al “Sistema de Sitios Sagrados” y rituales asociados, sobre los cuales se soporta el manejo y uso del territorio que hacen los grupos indígenas del “Complejo Cultural Vaupés” (Jackson, 1983).
·         Amenazas a la funcionalidad de los ecosistemas estratégicos que sustentan  la reproducción social, cultural y económica de los pueblos indígenas del área y que garantizan la conectividad biogeográfica entre las cuencas de los ríos Caquetá, Apaporis y Negro.

En la zona proyectada para la declaración del Parque Nacional, se adelantan iniciativas de grandes proyectos mineros que comprometen áreas que gozan de especial protección constitucional debido a su importancia ecológica, cultural, y por estar situados en zona de frontera, como los son el Resguardo Yaigojé – Apaporis y la Reserva Forestal de la Amazonía.

Si bien, para el caso de la región del Apaporis, tanto por sus características ecológicas como culturales, existen disposiciones de orden constitucional y legal que llevan a viciar o limitar la iniciativa minera, en julio de 2007, Ingeominas otorgó una concesión para extraer oro en 10.000 hectáreas de la serranía de Taraira (Vaupés). En la actualidad, se tramitan otras propuestas de concesión que se encuentran dentro del resguardo y que, además, se sobreponen a una zona de carácter especialmente sagrado (Chorro de La Libertad o Yuisi). Es de resaltar que estas solicitudes no han sido consultadas a las comunidades por ningún medio, incumpliendo lo dispuesto en el Convenio 169 de la OIT sobre derecho a la consulta previa de los pueblos indígenas.

Explotación insostenible de recursos naturales en zonas de manejo especial.
Fuente: Explotación pesquera con fines comerciales, indiscriminada e insostenible, y explotación rudimentaria de oro, en lagos, chorros y raudales y playas.

Causas: Poco conocimiento de los valores culturales indígenas de manejo territorial; irrespeto de la normatividad y de las reglas generales que orientan la actividad pesquera sustentable; desconocimiento de los efectos, en el mediano y largo plazo, de la prácticas extractivas intensivas (pesca, caza, minería), sobre los recursos naturales y los ecosistemas.

Efectos Ambientales:
·         Disminución de las poblaciones de peces y deterioro de ecosistemas y hábitats naturales con la consecuente alteración de la integridad ecosistémica regional.
·         Disminución de las poblaciones de especies acuáticas, terrestres y de aves, de consumo humano, con efectivos negativos sobre la seguridad alimentaria de las poblaciones indígenas de la región.
·         Violación de la exclusividad del derecho de manejo y aprovechamiento de los recursos naturales renovables, en zonas consideradas sagradas para las comunidades indígenas.

En la región el desarrollo de la pesca comercial, inicialmente centrada en el área de La Pedrera, está orientado a la captura de especies ornamentales, de especies de consumo como los grandes bagres, y, en menor medida, de peces de escama que son los más apetecidos por la población local. Paulatinamente, la explotación pesquera con fines comerciales, irrespetuosa de la normatividad existente (vedas, tallas mínimas), se ha ido extendiendo hacia el río Apaporis, en especial en sectores asociados a lagos, chorros, raudales y salados, zonas consideradas como sitios sagrados de manejo especial, por parte de los indígenas del Resguardo Yaigojé–Apaporis. Es en estos sitios en donde también tiende a concentrarse la explotación artesanal de oro, con sus efectos de destrucción de ecosistemas, de contaminación física y química de las aguas y de incremento de presión de cacería sobre la fauna. 
Ampliación de la fronterade colonización sobre áreas de importancia estratégica por su valor ambiental y su fragilidad ecológica
Fuente: Avance de los cultivos de uso ilícito desde las áreas de colonización hacia la cuenca baja del río Apaporis.

Causas: Baja eficiencia de las políticas estatales en la erradicación de los cultivos de uso ilícito y en la garantía de los derechos territoriales y sociales de las comunidades campesinas involucradas.

Efectos Ambientales:
·         Deforestación y transformación del paisaje, con efectos de pauperización de la biota y erosión de los suelos.
·         Degradación acelerada de los suelos desprovistos de cobertura vegetal adecuada y sometidos a usos agrícolas intensivos.
·         Contaminación de fuentes hídricas y de suelos por la utilización e inadecuada disposición de residuos sólidos y de precursores químicos en los cultivos de uso ilícito.
·         Conflictos con las poblaciones indígenas locales, por la ocupación de sus territorios, por la destrucción del entorno natural y por la introducción de prácticas sociales y económicas, contradictorias con su cosmovisión y el orden social tradicional.

En Pacoa, en el límite noroeste del resguardo de Yaigojé, la presencia de colonos está relacionada con la producción de coca, con fines ilícitos, que se concentra allí por la poca accesibilidad y por la cercanía a los departamentos de Guaviare y Caquetá, en donde las dinámicas de establecimiento de cultivos de uso ilícito y de comercialización del producto son más fuertes.

Desde el sector de Pacoa, esta actividad tiende a extenderse hacia la cuenca baja del río Apaporis, lo cual implica la deforestación de grandes áreas y la pauperización de la flora y de la fauna, no solo por la destrucción de hábitats sino también por la intensificación de actividades de cacería y pesca. En las áreas utilizadas para la producción de la hoja de coca, se intensifica la erosión y el agotamiento de los suelos, desprovistos de una cobertura vegetal adecuada y sometidos a un uso intensivo. En las zonas destinadas al procesamiento de la hoja de coca, se contaminan los suelos y las aguas, por la inadecuada disposición de precursores químicos, recipientes plásticos, canecas metálicas, entre otros materiales. En adición a lo anterior, el establecimiento de sistemas de producción y comercialización de narcóticos imprime a la zona una connotación social de culturas ilegales que deriva en actos de violencia, en la proliferación de la prostitución con sus enfermedades asociadas y en la presencia de grupos alzados en armas.

Si bien en la imagen aerofotográfica 2008, del Sistema de Monitoreo de Cultivos Ilícitos – SIMCI, aparecen cultivos en pequeñas áreas del polígono propuesto para la creación del Parque Nacional Natural, estos resultados están dentro del margen de error del sistema. Además, que no se ha hecho la respectiva corroboración en campo, por su extensión y ubicación se consideran que son cultivos de uso tradicional de los pueblos indígenas.  La expansión de cultivos de uso ilícito en la región, con sus implicaciones negativas en lo ambiental, lo económico, lo social y lo político,  ha sido, en gran medida, menoscabada gracias a la oposición ejercida por los gobiernos locales indígenas a través de las AATI, a costa de permanentes conflictos con los colonos

 Objetivos de Conservación del Área Protegida

·         Proteger los valores culturales materiales e inmateriales de los pueblos indígenas macuna, tanimuka, letuama, cabiyari, barazano, yujup-macú y yauna asociados a la conservación, uso y manejo del territorio y del área protegida como núcleo central del “Complejo Cultural del Vaupés”.

·         Garantizar la perpetuación de la integridad y funcionalidad ecosistémica del área protegida, como contribución a la conectividad entre los ecosistemas de las cuencas del río Caquetá y del río Negro, a los procesos de regulación climática y al sustento de la reproducción social, cultural y económica de los grupos indígenas de la región.

·         Garantizar la oferta de bienes y servicios ambientales que proveen los ecosistemas  y las especies de fauna y flora, y, en particular, el “Sistema de Sitios Sagrados” sobre los cuales se soporta el manejo y uso que  del territorio hacen los grupos indígenas, como fundamento de la integridad y pervivencia de las culturas tradicionales que ancestralmente ocupan la región del bajo río Apaporis.

Categoría del Área Protegida

De las categorías del sistema de Parques Nacionales Naturales de Colombia, la de Parque Nacional Natural se define como un “Área de extensión que permita su autorregulación ecológica y cuyos ecosistemas en general no han sido alterados sustancialmente por la explotación u ocupación humana, y donde las especies vegetales de animales, complejos geomorfológicos y manifestaciones históricas o culturales tiene valor científico, educativo, estético y recreativo nacional y para su perpetuación se somete a un régimen adecuado de manejo”.

Tanto por la amplitud en su definición como también por los tipos de actividades permitidas, queda claro que la categoría de Parque Nacional Natural es la que recoge de mejor manera los objetivos y la estrategia de manejo propuestos para el área de Yaigojé-Apaporis. En efecto, esta categoría permite, entre otros:

·         La conservación como el manejo sostenible del área propuesta y la participación indígena en dicha administración.

·         La protección de ecosistemas altamente diversos  y la protección del territorio ancestral y sagrado de los pueblos indígenas que forman parte del núcleo cultural del Vaupés.

·         La conservación integral del área propuesta en la medida que excluye de dicho territorio de actividades extractivas de gran escala  (madereras, mineras) y de megaproyectos que atenten contra la conservación biológica y cultural del mismo.

·         La protección y el fortalecimiento de los intereses de la nación y de los derechos de los grupos étnicos, a través de la sobre posición Resguardo-Parque Nacional Natural, la cual le imprime al territorio una mayor seguridad de conservación y protección y le otorga una mayor visibilidad a las iniciativas indígenas de manejo territorial frente a las instituciones públicas y privadas.

La figura de Parque Nacional Natural  se relaciona además, con la Importante anotar, que la figura de Parque Nacional Natural  se relaciona con la Categoría II de UICN Parque Natural, establecida para “proteger procesos ecológicos a gran escala, junto con el complemento de especies y ecosistemas característicos del área, que también proporcionan la base para oportunidades espirituales, científicas, educativas, recreativas y de visita que sean ambiental y culturalmente compatibles” (UICN, 1994). Esta categoría implica tres rangos distintivos, que cumple Yaigojé-Apaporis:

·         Contiene ejemplos representativos de las principales regiones naturales, y de las características biológicas y ambientales del paisaje, en este caso amazónico, en los que las especies animales y vegetales, hábitats y lugares de geodiversidad tienen un especial significado espiritual, científico, educativo, recreativo o turístico.

·         Cuenta con el suficiente tamaño y calidad ecológica, para mantener funciones y procesos ecológicos, que permitan a las especies y comunidades nativas sobrevivir a largo plazo con una intervención mínima de la gestión.

·         La composición, estructura y funcionamiento de la biodiversidad está en gran medida en un estado “natural”, con un riesgo relativamente bajo de sufrir invasiones de especies no-nativas.

 Delimitación del Área Protegida

El Parque Nacional Natural Yaigojé-Apaporis se encuentra inmerso en un mosaico de áreas protegidas y territorios colectivos de la cuenca media del río Caquetá y de la cuenca del río Vaupés (Figura 5), constituido por tres Parques Nacionales Naturales y trece Resguardos Indígenas, yuxtapuestos o conectados a través del Área de Reserva Forestal de la Amazonia.




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